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Corazón congelado – Camilla Mora

Corazon congelado pdf

Sinopsis

A veces, las palabras pueden resultar duras según quién las exprese, pero todo es cuestión de ver el interior de quien las dice.

Angela Mendoza es una mujer fuerte que tan solo tiene un objetivo: darle a su hija todo lo que esté a su alcance. Sin embargo, cuando Miranda, su pequeña, se vea encantada por un hombre al que quiere tener como padre, la vida de Angela dará un giro, pues no espera que él, David Talcott, ese tipejo insoportable y engreído, contratado por la empresa para la que ella trabaja, que tiene problemas para comunicarse con las personas, se sienta atraído por ella. Sin saber cómo, Angela no podrá resistirse a él. Pero nada será fácil con David, pues él no es un hombre como cualquier otro.


Ficha técnica

  • Título: Corazón congelado
    Autores: Camilla Mora
    Serie: V de Corazones en Manhattan
    Nº de páginas: 486
    Idioma: Español
    OS: iOs, Android, Windows
    Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive

Descargar libro Gratis Corazón congelado – Camilla Mora

Mark al hacer pasar a Gabe a su despacho. Ambos tomaron asiento a uno y
otro lado del escritorio de color blanco del despacho del rubio—. Es mi
primo y lo quiero, pero debe ser un trago difícil de pasar.
—Ahora que sé que ella no siente nada por Brian y que él, nada por ella, no
me molesta. Además —Gabe hizo una pausa en la que el sonrojo le tiñó las
mejillas—, debo confesar que el tipo me cae bien y que ayudó mucho a que
Mor y yo pudiéramos tener una relación. Y lo más fundamental —continuó
con énfasis y entusiasmo—, él es una persona importante en la vida de mi
novia y no voy a pedirle que elija entre nosotros y la amistad que comparte
con Brian.

—Ay, Gabe, lástima que ame a Keyla —bromeó Mark batiendo las
pestañas—, bueno, y que no sea gay, porque si no, totalmente caería rendido
a tus pies.
—Déjate de tonterías. —Gabe soltó una carcajada y Mark esbozó una
sonrisa de oreja a oreja. Le encantaba ver a este nuevo Gabe que se había ido
gestando de a poco, pero que culminó de nacer cuando inició su relación con
la bella diseñadora de interiores.
—Sabía que estabas entontecido por mí —argumentó Mark, continuando
con sus disparates—. Es mi poder de seducción, lo sé. No pudiste evitarlo.
—¡Basta! —pidió Gabe y una nueva oleada de carcajadas lo dominó—.
Harás que me duela el estómago.

—Bien, me agrada cuando ríes y últimamente lo haces seguido. —Retomó
la seriedad, aunque con las comisuras de su boca elevadas—. Ay, mis bellos
amigos están madurando.
Gabe apoyó el codo sobre el reposabrazos del asiento y la mejilla en el
revés de su mano. Lo observaba con inusitada atención.
—Pero tú no —indicó el moreno.
—¡Jamás! ¡Vade retro, viejo! —exclamó Mark al tiempo que
confeccionaba una cruz con sus dedos índices—. Ahora en serio. ¿Cómo
estás con esta cena?
—Bien, supongo. Como te dije, tu primo me cae bien… en el fondo. Aún
estamos limando ciertas asperezas, pero es importante para Mor que
congeniemos. Aprecio que tenga a alguien como él en su vida.
—¿Qué hay de esa carta que mantienes escondida en un cajón de tu mesa
de luz?

—¿Qué hay con ella? —escupió el chocolatero y su expresión se cerró.
—Sé que aún no la has abierto. —Gabe negó con la cabeza y tensó cada
músculo del cuerpo. Mark percibió la incomodidad en su amigo y la urgencia
a escapar de la conversación—. No te enfades con ella, Gabe. Morrigan me lo
comentó porque está preocupada por ti.
—Lo sé —concedió el moreno, más relajado.
—La traes loca —dijo en un tono alegre como intento de aligerar el tenso
ambiente que se había creado—. Te ama.
—También lo sé. —Mark amplió la sonrisa y su interior se caldeó al ver
cómo sus amigos cambiaban gracias a las mujeres que habían completado sus
vidas. Él mismo había sufrido una transformación de ciento ochenta grados a
causa de cierta princesa de ojos violáceos.
—Pensaba robarle a Miranda a Ange —anunció Gabe después de un largo y
cómodo silencio entre ambos en el que habían quedado ensimismados en sus
propios pensamientos—. Sarah y Max tendrán a Stef en su casa esta noche y
me propusieron que también llevara a Miranda.
Gennie, la hija de la pareja mencionada, y, también, sobrina de Alex y
Mark, y Stef, el sobrino de Gabe, y Miranda habían congeniado nada más
conocerse.
—¡Hu, qué divertido! Una pijamada.


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