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La magia de ser Sofía – (Sofía 01) – Elisabet Benavent

Dos días después de lo que mi
compañero había bautizado como «la
crisis del café divino» (por lo del café
con leche y el Dios del día), Héctor
seguía sin aparecer por allí. Y cuando
salí por la puerta… sencillamente lo di
por perdido. ¿A quién le apetecería
volver a un sitio en el que lo han
llamado maleducado con tanta
desfachatez y desproporción? Porque,
hombre, se podía ser más simpático,
pero no era para tanto. Si no, ¿por qué
cojones seguía sonriendo a la anciana
que nos robaba los servilleteros?
Fue un viernes. Buen día para zanjar
algo de cara al fin de semana.

La magia de ser Sofia pdf

Yo ya
estaba ordenando mentalmente las ideas
de cara al «cuéntame tus mierdas» de
aquella noche. Empezaría yo: «Hola,
soy Sofía y soy imbécil. He tratado
como el culo a un cliente que podía
haber sido un cliente fiel (y que alegraba
la vista) porque mi ex eligió el
Alejandría para un café rápido con la
churri y, para rematar la faena, me pilló
el jefe comportándome como una
auténtica loca». Los demás lo tendrían
difícil. Otra semana en la que me iba a
alzar con el título de ganadora.
Salí a limpiar una mesa y tomé nota
de lo que quería Vero, la opositora. Café
largo, muy largo, y una galleta de avena
con pasas. Ya habían puesto fecha para
su examen y estaba muy nerviosa.
Hablamos un rato y le dije que debía
celebrarlo con un trozo de tarta.
—El lunes puedes pedirte la galleta.
Hoy… ¡tiremos la casa por la ventana!
—exclamé con entusiasmo.
Me metí en la mini cocina a dibujar
una sonrisa con sirope encima del
glaseado de una porción de tarta de
zanahoria cuando Abel apartó la cortina
con suavidad… cosa muy rara en él.
—No me molestes o en vez de un
«smile» me va a salir «Jack» de
Pesadilla antes de Navidad —le
advertí.

La magia de ser Sofia epub

—Sofi… —susurró.
Dejé en suspensión el bote de sirope,
asustada por la contención de su voz y
me sonrió como s
Ildefonso a punto de cantar el gordo de
Navidad.
—Lo dejo pasar un segundo, ¿vale?
—¿A quién? —le pregunté con un
gallito.
Héctor tuvo que agacharse un poco
para pasar por el marco de la puerta del
que colgaba la cortinita de cuentas. No
es que sea gigante, es que el bar es un
poco… «hobbiteño» (¿por qué no existe
ningún adjetivo referente a los hobbits
de la comarca?). Sonrió con una mezcla
de vergüenza y desfachatez que me hizo
sonreír también. Había arrugado un poco
la nariz y se mordía el labio inferior. En
su mano derecha sostenía una macetita
blanca con un lazo morado y una
lavanda plantada. Sin flores, claro, era
invierno… pero lavanda al fin y al cabo.
—Hola…, Sofía, ¿verdad?
—Hola, Héctor —lo saludé.
—Verás… —hablaba muy bajo y
miraba al suelo.
—Antes de que digas nada…, siento
mucho lo del otro día. —«Oh, Dios,
¡¡oh, Dios!! ¡¡¡Qué violento!!!», pensé.
—En realidad…, bueno, acepto tus
disculpas pero… quería decirte que lo
he estado pensando y la verdad es que
yo tampoco he sido demasiado amable
en mis visitas. Y lo siento. —Abrí la
boca para responder pero… no pude
decir nada—. A ver… no te conozco de
nada y en el fondo ahora mismo
preferiría estar bebiendo sake hasta
desmayarme —dijo del tirón antes de
levantar la mirada del suelo— pero
aunque no lo creas, soy un tío simpático.

libro La magia de ser Sofia

Pero tímido. Y a veces la timidez me
hace parecer un soplapollas estirado.
Eh… Esto es para ti.
Cuando fui a alargar la mano hacia la
macetita que me tendía, me di cuenta de
que seguía sosteniendo la botella de
sirope y que el trozo de tarta, un pedazo
de encimera, el suelo y mis zapatillas…
estaban llenos de líquido viscoso.
—¡Puta mierda! —exclamé. Solté el
biberón encima de la encimera y cogí la
bayeta para intentar arreglarlo, pero lo
empeoré—. Perdona. Es que soy un
poco manazas y…
—No importa. Ehm. Te dejo aquí la
lavanda…
—Vale. Gracias. Pero… no tenías por
qué.
—Mi madre dice que pedir disculpas
es más fácil con flores.
—Ya… No quiero sonar borde
pero… la lavanda en invierno poca flor
—comenté con sorna.
—Era esto o un cactus —dijo.
Me levanté del suelo y lo miré:
—¿Y tiene razón? —Le sonreí—. ¿Es
más fácil disculparse con «flores»?
—No. —Se rio—. Pero menos da una
piedra. —Me devolvió la sonrisa y dio
un paso hacia atrás—. Seremos
discretos, ¿vale? —me dijo.
Y sonó taaaaan bien que, hasta que le
contesté «vale», viví una completa
historia sórdida y placentera con él en el
rincón más oscuro de mi imaginación,
donde nadie podría llegar nunca y que
tenía doble cerradura.
—¿Café con leche? —le pregunté.
—Perfecto. —Sonrió—. Gracias,
Sofía.
—Ahora te lo llevo, Héctor.
—¡Ah! —exclamó antes de salir—.
Ten en cuenta que la lavanda no tolera
demasiado el frío. Y le encanta el sol.
—Entonces le flipará vivir en mi
ventana.
Cuando salió, Abel entró con muy
poco disimulo, me dio un puñetazo en el
brazo y exigió toda la información en
susurritos.


Ficha  técnica

Título: La magia de ser Sofía (Bilogía Sofía 1) (Spanish Edition)
Autores: Elísabet Benavent
Publicado: 01 marzo año 2017
Tamaño: 2.44MB
Nº de páginas:876

Idiomas: Español

País: España

Formato : PDF,EPUB


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