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Lo que el anís ha unido, que no lo separe el poli – Angy Skay, Noelia Medina

Lo que el anis ha unido  que no lo separe el poli - Angy Skay  Noelia Medina

Lo que el anís ha unido, que no lo separe el poli  Sinopsis

La tranquila e inexpresiva vida de Marisa Hernández Guillotina se pone patas arriba tras encontrarse con dos alocadas mujeres que se convierten en sus mejores amigas, sin darse cuenta, en menos que canta un gallo.
Anaelia Boca Negra y Angelines Folla Doblado, con sus particularidades y sus mentes perversas, hacen que la vida de la protagonista no deje de tener altibajos debido a los acontecimientos que le suceden a lo largo de los años. Como ellas lo llaman: las tres son un imán para los problemas.
La prueba de fuego comienza cuando una idea cruza por sus mentes y deciden asaltar una base militar para alegrarse la vista, topándose con una cabra que está dispuesta a torcerles la existencia y la amistad. Y no es que la cabra sea la culpable en sí, pero gracias a ella una irremediable atracción por un hombre se desata para bien o para mal.
¿Conseguirán estabilizar la relación que las une o, por el contrario, dejarán que una supuesta «deslealtad» las ciegue por un hombre?
No te pierdas la comedia romántica más divertida de este año, de la mano de las autoras Angy Skay y Noelia Medina. Las risas y los buenos ratos ¡están asegurados!


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Arrugó el entrecejo un poquito y me miró con mala cara. Intenté imitarlo,
pero no me salió, ya que estaba dispuesta a reírme, lo mismo que había hecho
él conmigo desde que nos sentamos.
—Y, según tú, ¿cuál es? —me vaciló.
Me metí una patata frita en la boca con una chulería innata y, después de
masticarla y tragármela con tranquilidad, le contesté:
—Seguro que te dejó por otro. —Sonreí triunfal al ver su gesto de…

¿dolor?—. No me extrañaría nada. Eres un borde.
Le pegó un trago a su cerveza —para que veáis que lo tenía todo
controlado y hasta de eso me acordé, porque lo había visto beberse alguna la
noche anterior, y ya sabemos cómo son los guiris con las cervezas— y, con un
tono un tanto extraño, habló:
—La conocí en un viaje a Málaga. Lo único que sabía de ella era que
trabajaba en una base militar de Almería y, como solo hay una, la busqué unos
meses después.
—Qué bonito todo…
Mentira. No me parecía bien. Nadie había hecho eso en la vida por mí y,
para qué engañarnos, me molestó sin tener que hacerlo y el tono me salió un
poco irónico. Me ignoró como el que oye llover.
—Conseguí entrar en el Ejército un tiempo después, hasta que un día me la
encontré tras dar muchas vueltas. —Sonrió con dulzura y anhelo—.
Llevábamos dos años juntos cuando…
—Cuando te puso unos cuernos más grandes que un toro. Suele pasar. En la
base hay mucho hombretón suelto.
Me fulminó con los ojos. Parecía enfadado de verdad y, continuando con
sus explicaciones, no dejó de mirarme ni un solo segundo:
—Como te iba contando, después de que me interrumpieras por segunda
vez —añadió con desgana—, nos enviaron a una misión en un país
problemático. —Un nudo se me instaló en la garganta—. De quince que
fuimos, solo volvimos cuatro. Y ella no.
Mis ojos se quedaron fijos en su cara, que no hacía ni un solo gesto. Se me
congeló la sangre y me maldije mil y una veces por ser tan bocazas. La mano
se me quedó suspendida en el aire antes de poder darle un bocado más al
almuerzo, y sentí cómo el estómago se me cerraba a paso ligero impidiendo
que me entrase ni un solo trozo más. Me sentí idiota por haberle hecho todos
esos comentarios, por no haberlo dejado terminar y por parecer la graciosa de
turno cuando, en realidad, no era así ni mucho menos, si no que mi carácter no
me dejaba ser de otra forma.
—Lo… Lo siento… —titubeé en voz baja, pues la vergüenza que tenía no
me permitía hacerlo de otra manera.
Se mantuvo en silencio tanto tiempo que me pareció que el mundo se había
detenido, que nuestra excursión terminaba a las dos de la tarde y que la había
cagado hasta el fondo. Como solía decir habitualmente Angelines y Anaelia,
había metido la gamba hasta el fondo, pero a base de bien.
Su boca, esa tan bonita y sensual, se mantenía en una fina línea
infranqueable. Sus ojos, en este caso, no brillaban y parecían perdidos en
algún recuerdo mientras me contemplaba fijamente, hasta que, sin saber el
motivo, lo vi soltar otra carcajada tremenda que me desconcertó.
—¿De qué te ríes? —No podía contestarme, y no era para menos. Se
estaba riendo como si estuviera poseído—. No sé dónde le ves la gracia.
Se sujetó la barriga y habló:
—Estaba expectante por comprobar una sola vez que te ponías seria de
verdad. He dado en el clavo. —Sonrió con el triunfo permanente en su rostro.
Sentí un enfado descomunal y dejé el bocadillo de un manotazo encima del
mantel, incorporándome un poco hacia delante para que me viese mejor.


Ficha técnica

Título: Lo que el anís ha unido, que no lo separe el poli
Autores: Angy Skay y Noelia Medina
Serie: I de Serie Mafia de tres
Nº de páginas: 906
Idioma: Español
OS: iOs, Android, Windows


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