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No te amaré – Paris Sanders

No te amare pdf

No te amaré Sinopsis

La ama, no la ama, la ama, la…

¡No! Kevin Kovak definitivamente no está enamorado de Kayla Hart. ¿Por qué debería estarlo? La ambiciosa periodista le ha privado de su dinero gracias al llamado reportaje. Ahora el hijo de un multimillonario tiene que dormir en el sofá de su mejor amigo.

Lo que Kevin quiere de Kayla es sencillo: ¡venganza! Y la conseguirá seduciendo a Kayla y luego dejándola en la estacada.

¿Amor? No tiene importancia, eso lo sabe él muy bien…

Kevin

Kayla es un grano en el culo. Atractiva, pelirroja, s.e.x.y. pero eso no cambia el hecho de que apenas puedo soportarla. Además, sigue corriendo detrás de mí con una cámara de vídeo y filmando cada fallo, cada error que cometo. Y son muchos. Sólo hay una cosa que ella no sabe, tengo un plan.

Kayla
Kevin Kovak es mi bestia negra. No soporto su arrogancia ni su estilo de vida. La mayor parte del tiempo me vuelve loca, pero sé por qué me hago esto a mí misma, él es la clave para que despegue mi carrera. Desafortunadamente, es condenadamente atractivo, pero eso puedo manejarlo. Kevin no me llevará a la cama. ¡Eso está claro!


Ficha técnica

Título: No te amaré
Autores: Paris Sanders
Nº de páginas: 954
Idioma: Español
OS: iOs, Android, Windows
Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive


Descargar libro Gratis No te amaré – Paris Sanders

Tenía que celebrar haberme liberado de mi viejo. Al menos eso me decía
cuando puse cuatrocientos dólares en el mostrador y pagué la botella de
champán que acababa de pedirle al camarero del In’n Out. Eran mis últimos
cuatrocientos dólares, pero oye, el dinero está ahí para gastarlo, ¿verdad?
―¿Crees que es una buena idea? ―La pregunta provenía de Drake, uno
de mis amigos, conocido por decir siempre lo que pensaba.
―¿Qué quieres decir con eso? ―Pregunté desafiante, aunque podía
imaginarme cuál sería su respuesta.
―Estás gastando tu último dinero ahora mismo, si bien veo ―señaló
Drake. Si alguien sabía lo que era vivir con poca pasta, ese era mi amigo.
Aunque ahora era uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, no
siempre había sido así.

―Así es. ¿Tienes algo en contra?
―No, y sabes que te ayudaré si tengo que hacerlo, pero no creo que
quieras mi ayuda.
―Bien observado. ―Me di la vuelta y me acerqué a la rubia que me
esperaba en una de las mesas. ¿Por qué tenía que escuchar de todos mis
amigos lo que debía o no debía hacer? ¿Cuándo se habían convertido en
jueces de mi vida? No quería nada más que divertirme un poco antes de tener
que hacer de tripas corazón y trabajar. Después de aquella botella de
champán, estaría en bancarrota. Pero eso no era tan malo, porque le sacaría el
mejor partido.

Tan pronto como me senté al lado de la rubia, su nombre era Angélica, todo
fue de mal en peor.
―Escuché que tu padre te echó ―dijo. Genial. Solo unas palabras y mi
moral estaba por los suelos.
Angélica no notó mi cambio de humor. Se echó su melena de pelo largo
por encima del hombro y me miró expectante. Como si no pudiera pensar en
nada mejor que hablar de mi jodida vida. Solo quería una cosa de las mujeres,
y esa era sexo. Cruzó sus largas piernas, el mini vestido apretado, que parecía
pintado, se le subió y reveló una gran cantidad de piel desnuda. A pesar de la
hermosa vista, las ganas de algo más se me habían pasado completamente.
―¿Y qué? ¿A ti qué te importa? ―le pregunté insolentemente.
―Nada. ―Me dio su vaso para que le sirviera algo que ya no me
apetecía.

Me hubiera encantado agarrar la botella y beberme el champán solo,
sin su molesta presencia y sus estúpidas preguntas. Desafortunadamente, ella
siguió hablando.
―Me parece un poco extraño que alguien de tu edad aún viva con sus
padres. Me fui de casa hace diez años.
―Oh, así que no te fuiste de casa hasta los 28 años. Entonces te fue igual
que a mí.

―Eres un imbécil. ―Angélica golpeó el vaso contra la mesa y se puso de
pie. De acuerdo. Ella reaccionaba exactamente como yo había esperado.
―Un momento. ―La detuve― ¿Cómo lo sabes?
―Bueno, todo el mundo lo sabe. Solo tienes que ir a la página web de
VIP Gossip. Ahí puedes leer lo que pasa en tu vida.

―Mierda. ―Agarré mi copa y lo vacíe de una sola vez. Otra vez aquella
revistucha. ¿No tenían nada mejor que hacer que escribir sobre mí? ¿Cómo
sabían tanto? Me pasé la mano por la cara. De repente se me habían pasado
ganas de celebrar toda la noche. De repente odiaba mi vida. El caos en el que
me había sumido aquel artículo.

No solo me sentía un fracasado. No, excepto
mi padre, casi todos los que habían oído hablar de mí pensaban lo mismo.
―¡Kevin! ¿Qué tal si compraras algo de comida cuando te terminas todo lo
mío? La voz de Brandon me sacó de mi sueño. Cansado, intenté levantar los
párpados. Una tarea muy difícil, porque sentía como si unas pesas de plomo
los empujaran hacia abajo. Finalmente lo logré. Parpadeando miré la luz
brillante que entraba a través de las enormes ventanas directamente en la sala
de estar. El apartamento de Brandon era uno de esos lofts modernos. Una
estupidez total, si me preguntaran. Ninguna habitación tenía una puerta de
verdad, porque todo el apartamento consistía en una sola habitación enorme
dividida solo por particiones. Incluso el maldito baño no tenía puerta. Bien,
estaba emplazado de una manera tan sofisticada que no se podía ver. Sin
embargo, hubiera querido una cerradura cuando estaba sentado en la taza del
wáter. Fuera como fuera, a Brandon le encantaba. Además, todavía estaba
muy de moda vivir en uno de aquellos viejos edificios de fábrica, aunque el
motivo siempre sería un misterio para mí.

Gracias a este método de construcción, la luz lo inundaba todo. Y no
necesitaba eso en aquel momento. La noche pasada había sido muy larga.
Alrededor de las seis había entrado en el apartamento de Brandon, me había
dejado caer en el sofá y había dormido durante unos cinco minutos. Hasta
ahora.―
Voy a por algo más tarde ―murmuré, me di la vuelta y me tapé la
cabeza con la manta.
―Yo no iría a Zabar’s en tu lugar. A la vuelta de la esquina hay un
supermercado que es más barato ―tuve que escuchar. Como si no supiera
que Zabar’s era un delicatessen muy caro. No era tan estúpido.
―Lo haré.

―Muy bien. Nos vemos esta noche, entonces. ―La puerta se cerró con
un fuerte golpe detrás de Brandon. De alguna manera tenía la impresión de
que ya estaba poniendo de los nervios a mi amigo. Probablemente sería mejor
que buscara algo por mi cuenta. La pregunta era, ¿cómo? ¿Y con qué lo iba a
pagar?
Me senté y me froté los ojos. Dormir estaba fuera de discusión de todos
modos.

Durante el fin de semana simplemente había reprimido mis penas. Me
había negado a pensar en mi situación, pero ahora la realidad se volvía a
imponer. Y mi mala conciencia por no tener ni un centavo más. Había un
vacío enorme en mi billetera. No solo no podía comprar en Zabar’s, no,
tampoco compraría nada en el supermercado. Lo que significaba que tenía
que pedirle dinero a mi amigo. Y eso era casi lo peor que podía imaginar.


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